4.1 ENSAYO: el judo femenino y el machismo: ¿gusto o necesidad?
Aun cuando el judo es un deporte duro que requiere un espíritu combativo similar al del boxeo, la mujer también lo practica y disfruta con sus ejercicios. Incluso han empezado a tomar parte en competiciones públicas, pero aun es pronto para asegurar un éxito similar al conseguido por los hombres.
La aproximación de la mujer al judo, depende de sus objetivos. Las que lo practiquen con fines competitivos tendrán que entrenarse con igual dureza y vigor que cualquier atleta hasta conseguir un estilo muy semejante al de los hombres.
Los estereotipos sociales tradicionalmente ligados a la feminidad, como la pasividad y la sumisión, junto a unas diferencias biológicas mal interpretadas siguen limitando la actividad físico-deportiva de las mujeres. Ellas practican menos deportes y con menos frecuencia que los hombres, inclinándose además por la natación, el tenis y la gimnasia, como prácticas que no contradicen el modelo femenino tradicional.
Las mujeres se han ido incorporando a medida que han accedido a otros espacios y actividades públicas, pero siempre bajo la amenaza del listón masculino que las ha situado por debajo de la marca.
Las interpretaciones más radicales sobre el machismo en el deporte lo definen como una expresión del sentimiento de inferioridad de los hombres frente a las mujeres, necesitando competir entre ellos y demostrar quién es el mejor para compensar su falta de autoconfianza. Las bases del machismo en le deporte se sustentan en la idea de que si existe una ámbito en el que no existen dudas sobre las diferencias biológicas entre hombres y mujeres (y sobre la superioridad masculina), ése es el deportivo.
Es la trasnochada cultura machista la que desarrolló ciertos mitos asociados al deporte y las mujeres, y que, en cierta forma, siguen funcionando en nuestro inconsciente colectivo, como son:
· El deporte hace daño al sistema reproductivo de la mujer.
· Mujeres y niñas quienes participan in el deporte sufren del conflicto del rol de género que causa problemas sociales y psicológicos.
· La participación en el deporte competitivo promueve lesbianismo en la mujer.
Según Eitzen y Sage, estos mitos han mantenido apartadas a la gran mayoría de las mujeres de la mayor parte de los deportes.
4.2 EL CUERPO FEMININO EN LOS DEPORTES
Los feminismos despiertan miedos que son vestigios de la representación social De la mujer fea, mal amada, lesbiana, que tuvo relaciones de frustración con los Hombres. La construcción de la feminidad esculpida en la imagen de la mujer sumisa, Frágil, pasiva que se embellece para atraer los hombres, fue ampliamente trabajada por La máquina médica, jurídica y psiquiátrica con el apoyo del discurso científico. La Educación Física, por largo tiempo, buscó sus fundamentos en las tesis de la “naturalización” de la hembra como ser exclusivamente procreador para desenvolver Sus programas de entrenamiento y actividad física para mujeres, utilizándose de la Biología y de la medicina deportiva, que exigía moderación. Por ejemplo: “la educación Física de la mujer debe ser orientada de acuerdo con su naturaleza específica, y llevando En cuenta las circunstancias de orden moral que urge tener presente, a fin de que esa Educación no sea perjudicial o escandalosa y socialmente nociva” (GOMES, 1958, p. 94-95).
La participación femenina en los deportes es llena de prohibiciones y obstáculos, Pero también, de resistencias y luchas a lo largo de la Historia. En diferentes épocas y Culturas encontramos indicios de prácticas deportivas y de entrenamiento de luchas Armadas realizadas por mujeres, como por ejemplo, en la Antigüedad, en Esparta, esas Prácticas eran constantes, pero no podemos decir el mismo de Atenas donde los Deportes eran prácticas masculinas. Paul Foucart, cita los juegos de HALOÁ, una Especie de Olimpíadas donde solamente las mujeres participaban (NAVARRO-SWAIN, 2000). Incluso, algunas de las primeras Escuelas de Educación Física excluían la Participación de las mujeres con el argumento de la fragilidad y vulnerabilidad Biofisiológica.
La primera Escuela de Educación Física era un espacio exclusivamente
Masculino en el Brasil. Mientras tanto, las escuelas alemanas de Educación Física Para Mujeres, en 1930, tenían el siguiente lema: “una chica para cada deporte y un Deporte para cada chica”, ellas ya peleaban con las americanas que predicaban el juego Por el juego (PFISTER, 1997). Al otro lado del mundo, en Japón, en 1926 ya se Realizaba la primera Conferencia de la Kodokan (primera escuela de artes marciales, Gimnasio para práctica de judo inaugurado en 1882) de judo Femenino. Y mucho antes De eso, las mujeres de las familias de samuráis estudiaban el Nagitana (lucha con la Espada) y el Kyudo (arco-e-flecha), bien como mujeres que se desarrollaron en la Tradición del Jujitsu (en popular Jiu Jitsu). Podremos incluso, tomar como ejemplo, Rusty Kanokogi, pionera en judo femenino, cuyo esfuerzo se debe al primer Campeonato Mundial de judo para mujeres en Nova Cork, en 1980. Su historia marca Las dificultades por las cuales muchas mujeres atletas tuvieran que superar. En 1955, Con mucho sacrificio, ella consiguió entrar a la escuela de artes marciales local y tuvo Que entrenarse con 40 hombres, muchos de los cuales caerían en la hierba al enfrentarla. Ella entró para la historia del judo, entre los muchos otros motivos, por participar en Campeonatos contra hombres y salir victoriosa. Incansable, Kanokogi procesó el Comité Olímpico de los EUA e el USJudô Inc., por excluir a las mujeres del Nacional Sports Festival en 1981, alegando discriminación sexual (SILVA, 1994). La resistencia es la Marca mayor de las atletas, como es el caso del fútbol en Brasil. A pesar del fanatismo nacional por el fútbol preguntamos:
¿Cuándo podremos tener el privilegio de ver una partida femenina, Solamente en los Juegos Olímpicos? El fútbol es un óptimo ejemplo para emprendemos una discusión sobre las mujeres en Los deportes. En 1996 Brasil hizo su debut olímpico en el Fútbol Femenino, lo que repercutió un juego de marketing nada coherente con los atributos exigidos pelo Deporte. Algunos clubes “famosos”, como Fluminense, Grêmio y Corinthians siguieron Las recomendaciones del proyecto de Marketing del Saad (club de fútbol femenino de Sao Paulo), que decía que, más allá de la competencia técnica es necesario tener belleza Para adentrar en campo (SILVA; COSTA; SALLES, 1997). Como el concepto de Belleza es estandarizado, podemos imaginar cual fue el destino de nuestras estrellas
Negras y todas aquellas que se huyan al estándar establecido. En 2004 el Fútbol Femenino conmovió el Brasil al conquistar arduamente una medalla de plata en las Olimpiadas de Atenas. Sin un salario digno, sin patrocinio y sin campeonatos Nacionales las atletas entraron para la Historia del Fútbol. Una historia que los Feminismos tienen enseñado a nosotros a leer en las entrelíneas o en los silencios (NAVARRO-SWAIN, 2000). Como es lo ejemplo de la pesquisa en andamiento sobre La memoria urbana de la ciudad de Pelotas-RS, a través del análisis del periódico Deportivo: “Revista de los Deportes” de 1948-1958, los autores dicen haber “señales de Un cierto vanguardismo, como es el caso del fútbol femenino”.
Los argumentos sexistas siempre fueron contradictorios tentaron excluir las
Mujeres en función de una supuesta fragilidad física, intolerancia a dolor y pelo don de La procreación, sin pensar que el propio acto de parir envuelve fuerza, coraje y mucha Dolor y sin pensar en una perspectiva histórica, pues podemos cuestionar: ¿En otros tiempos y culturas las mujeres eran también vinculadas a fragilidad física? ¿Existían sociedades en las cuales los deportes eran fundamentales en la cultura femenina? Lo importante es que las mujeres resistieran, tuvieran sus nombres marcados por momentos de gran alegría para a quién le gusta los deportes.
La producción teórica conceptual sobre la desnaturalización de los cuerpos, sobre el desempeño de los géneros, sobre la sexualización de las identidades y sobre todo, sobre la biologización de las mujeres fue y aún es un debate feminista de cuño epistemológico, pues está relacionado al aparato conceptual que aprisiona las mujeres a su cuerpo biológico. Estas discusiones se tornan bastante expresivas en áreas del conocimiento como la Historia, la Antropología, la Sociología y otras. En la Biología, en Física y en Química, muchas investigadoras se empeñan en discutir los valores e intereses generados en las ciencias, como Hubbard, Haraway y Harding como ejemplos de teóricas feministas preocupadas con cuestiones epistemológicas. En la área de la Educación Física ese movimiento empieza a ganar forma, y ya es posible hablar de una producción teórica sobre las cuestiones de las mujeres o mismo cuestiones de género, sin embargo, las Teorías Feministas no siempre son consideradas como el fundamento epistemológico que ampara esas discusiones.
Las discusiones de género fueron incorporadas al debate feminista entre el final de los años '60 e inicio de los años '70. Para Nicholson (2000), el concepto de género fue introducido para reemplazar al de sexo, pues al centrarse en la biología las raíces de las diferencias entre mujeres y hombres, el concepto 'sexo' colaboró con la idea de la inmutabilidad de estas diferencias y con la desesperanza de algunas tentativas de cambio. Ya para Scott (1994), género es caracterizado como una categoría analítica, como organización social de la diferencia sexual, no reflejando diferencias físicas y naturales entre hombres y mujeres, sino un conocimiento que establece significación para las diferencias corpóreas. También rechaza el carácter fijo y permanente de la oposición binaria, enfatizando la importancia de una desconstrucción y de los términos de Derrida. Entonces, el concepto surge con significados variados y es usado, básicamente, de dos formas: como objeto de estudio o como estructura analítica.
Su surgimiento en el escenario de los Estudios Feministas se debe en gran parte a las críticas hechas a los Estudios de las Mujeres, por constitución de un sujeto universal y consecuente carácter identitario: la mujer, como esencia. Sin embargo, los Estudios de Género nunca podrán sustituir o mismo sobreponerse a las Teorías Feministas, por su incapacidad en comprender los sujetos concretos, y porque soslayan el carácter jerárquico de la construcción de las subjetividades, como si todos fueran construidos de igual manera. Estudia en términos relacionales, con la pretensión de trabajar con simetrías humanas, lo que viene a sacar de la mirada la agenda feminista. Su amplia aceptación en los términos del feminismo, se debe en gran parte, a lo peyorativo y al miedo que la palabra feminismo suscita, como dice Navarro-Swain (2001: 12): "se decreta así, en el sentido común y en el análisis teórico, el fin del feminismo: por fin, ¿los géneros no son igualmente construidos socialmente? Sin embargo, haciendo depender de igual forma de lo social la constitución de lo femenino y de lo masculino, se olvida fácilmente el carácter jerárquico de la generización del ser humano". Mientras los Estudios de Género nivelan la construcción de los cuerpos en lo social, los Estudios de la Mujer fueron ampliamente criticados por la constitución de un sujeto universal, que en alguna medida, camufla las diferencias de clase, raza, etnia y sexualidad entre las mujeres.
"La Mujer", en el singular, es una ficción, un mito creado para mejor disciplinar, mejor domesticar. Navarro-Swain (1999), al discutir el pensamiento de Beauvoir, evidencia hasta qué punto aquellas ideas están ancladas en los cuadros binarios de división sexual jerarquizada. En el capítulo referente al lesbianismo, Beauvoir confronta ese personaje social a la verdadera mujer. La verdadera mujer, diferente de la lesbiana y de la prostituta, posee los atributos, socialmente construidos, referentes al modelo de femenino. Mientras la lesbiana es relegada a la aberración, la prostituta es mantenida en la orden del discurso. Sus existencias, aún así, son vinculadas a lo masculino y la referencia es el hombre, pues la primera es representada como una imitación del hombre, y, la segunda, vive en función del mismo, "trabaja" para el agrado del mismo.
Las negras, las latinas, las lesbianas y las operarias, son algunos de los personajes del feminismo que materializan la imposibilidad de un sujeto universal. Butler (1990) apunta la oposición de las mujeres al feminismo como sugestión de los limites de la política de identidad, dice ella: "Si alguien es una mujer, ese alguien no es solamente eso" (BUTLER, 1990: 20). La política de identidad sola puede ser cuestionada teniendo como fundamento una teoría que combate la división binaria de lo social, así como la construcción de los cuerpos sexuados y la fijación y permanencia de esas representaciones. Herederas del pensamiento foucaultiano, muchas feministas mostrarán que los cuerpos divididos en dos sexos opuestos y jerárquicamente diferenciados en lo social son parte de una construcción histórica.
El binarismo indica que la identidad femenina depende siempre de su opuesto, creando una representación fundamentada en la dependencia. Como dice Grosz (2000: 49):
Lo más relevante aquí es la correlación y asociación de la oposición mente/cuerpo con la oposición entre macho y hembra, en la cual hombre y mente, mujer y cuerpo, se alinean en las representaciones. Tal correlación no es contingente o accidental, es central al modo por la cual la filosofía se desarrolló históricamente y al modo como ella es vista hasta hoy. (...) La filosofía, como disciplina, excluye subrepticiamente la feminidad, y como consecuencia, la mujer, de sus prácticas, a través de su decodificación usualmente implícita de la feminidad como sinrazón asociada al cuerpo.
El espacio de articulación de autoras como De Lauretis (1994) y Haraway (1994) les posibilita cuestionar los presupuestos de las Teorías Feministas para colocarlos en movimiento, elaborando nuevos conceptos, revisando sus fundamentos y apuntando hacia nuevas perspectivas políticas, visibilizando la acción de las feministas. Los cuerpos marcados por el sexo y por la sexualidad evidencian la historicidad ilimitada de lo humano y el deporte es un lugar privilegiado para el estudio de esa construcción y reproducción de modelos hegemónicos. Teóricas como De Lauretis, Butler y Navarro-Swain cuestionan la división binaria de la sociedad. La importancia dada al sexo, al aparato genital, en la positividad y en la división social es una creación histórica y social, que modela los cuerpos en dos géneros jerárquicamente distintos, lo que nos lleva a interrogar: ¿Las mujeres siempre fueron vistas como frágiles? El feminismo surge justamente para sacudir las evidencias de esas representaciones, cuestionar la división sexual de la sociedad, oponerse a la jerarquización de los géneros, por eso, sus teorías no pueden ser disociadas de su acción política, pues ambas pasan por diferentes áreas del conocimiento.